lunes, 2 de febrero de 2009

Beowulf

Aunque la historia puede datar del siglo V o VI y haber pasado oralmente a Inglaterra con la invasión sajona, el único manuscrito existente data del año 1000; es muy posible que existieran otros con anterioridad, pero este ha sobrevivido primero a la destrucción de los monasterios por parte de Enrique VIII y después al incendio que sufrió la biblioteca de Sir Robert Bruce. Actualmente se encuentra en el Museo Británico.

El Beowulf se desarrolla a lo largo de 3.182 versos sobre todo en la región danesa de Zelandia, aunque también se citan pequeños reinos y tribus de otras áreas de Dinamarca, Suecia, Alemania, Polonia y los Países Bajos. En los tiempos en que se sitúa la acción del Beowulf, los reyes de la isla de Zelandia vivían en la zona de Lejre, donde se han encontrado restos arqueológicos del siglo VI que bien podrían ser el gran salón del rey Hrothgar.

Bien es cierto que no hay ninguna evidencia histórica de la existencia del personaje Beowulf, pero el poeta dejó claro que conocía bien la historia de su pueblo y del contexto en que se movía. Algunos de los personajes que cita a lo largo de su poema también son citados en otros textos contemporáneos, como es el caso del rey anglo Offa, que aparece en el "Widsith", o Hengest, que lo hace en el "Finnesburh" y que pudiera ser el mismo que acompañó a Horsa en el siglo V tras ser invitado por el rey Vortigern (antecesor de Uther Pendragon y el rey Arturo) para combatir a los pictos que cada verano bajaban a saquear sus tierras desde el norte escocés.

El poema nos muestra un mundo donde la violencia es norma común. Pero no sólo contra otras tribus o pueblos, sino también con monstruos sobrenaturales que una noche determinada salen de una laguna, atacan y devoran, sin que apenas se pueda hacer nada contra ellos. Claro que para eso estaban los héroes, siempre dispuestos a jugársela por aquello de que su estatus exigía el cumplimiento del deber. Y Beowulf está en la tradición de los héroes solares que luchan contra el poder de las tinieblas.
Al principio del poema se hace un recuento de los ancestros del rey danés Hrothgar, comenzando por su bisabuelo Shild. El rey, ya viejo, ha sido un gran guerreo y tiene una gran fortuna, por lo que manda construir una lujosa mansión, a la que llama Heorot. Cuando está terminada, ofrece un banquete suntuoso, al que invita a los grandes señores de la región. Cuando la fiesta acaba, todos se retiran excepto el cuerpo de guardia del rey, que va a tener allí su alojamiento. A la mañana siguiente, encuentran el salón manchado de sangre y ningún rastro de los hombres; sólo unas pisadas que se dirigen hacia una cercana laguna. Nada más oírlo, Hrothgar supo que se trataba de Grendel, un monstruo que fue expulsado hace tiempo por un mago; por algún terrible motivo ha regresado y continúa sus fechorías. Como él se siente ya muy viejo, promete una generosa recompensa para quien se ofrezca a librar a la región de aquel monstruo. Diez de sus hombres pernoctan en el salón y corren la misma suerte que sus compañeros. Un trovador huido al reino de los geates o jutos (que podríamos considerar pre-vikingos daneses), relata los hechos en la corte del rey Hygelic, que está acompañado por su sobrino Beowulf. Este, inmediatamente decide partir al reino de Hrothgar, acompañado de 14 de sus hombres.

Beowulf pasa la noche en el salón y no sólo consigue arrancarle un brazo a Grendel sino que al día siguiente, después de que la madre del monstruo haya atacado ella misma, la busca en su guarida, bajo las aguas de la laguna, y la mata. En la novela, el monstruo Grendel y su madre, posibles seres primigenios que se ven en la necesidad de defender sus territorios ante la invasión de los seres humanos, serán convertidos en una tribu neandertal, un eslabón perdido que se dedica a matar y devorar hombres por la noche (algunos antropólogos aseguran que pudieron pervivir grupos aislados de neandertales hasta épocas tan relativamente recientes como la Edad Media).

Tras introducirse en el "mundo subterráneo" y terminar con la fuente del mal, Beowulf regresa a su tierra. En la última parte del poema, ya es casi un viejo, ocupa el trono y debe enfrentarse nuevamente a otro monstruo. Esta vez se trata de un dragón al que, tras una ardua lucha, consigue vencer. "Esa fue la última victoria de Beowulf y su última obra en este mundo", dice el poema.
Así es, pues el héroe ha sido herido y el veneno corre por sus venas. Tras pronunciar sus últimas palabras, es incinerado en una enorme pira funeraria; sus cenizas se depositarán en un montículo erigido en su honor sobre una colina, que hasta sirve como baliza para los marineros. Sus hombres le ofrendan el tesoro, "tan inútil a los hombres como lo había sido antes", que guardaba el dragón en su guarida.

El poema está pasado por el tamiz de la cristiandad, ya que fue transcrito por monjes en algún monasterio inglés. Así, a Grendel y su madre (a ella nunca se le da nombre) se les hace pasar por descendientes de Caín, que, tras matar a Abel fue desterrado por Dios, dando origen a todo tipo de monstruos. Difícilmente los sajones podían dar aquella ascendencia a los seres sobrenaturales que aparecen en sus leyendas.
© manuel velasco